Preparación de la entrevista

Preguntas de entrevista para Ingeniero SRE (Site Reliability Engineer)

Un proceso de selección de Ingeniero SRE en España suele tener cuatro partes bien diferenciadas: una primera conversación con recursos humanos, una entrevista de fiabilidad con quien lidera el equipo (SLO, incidencias, guardias), un ejercicio práctico que casi nunca es de pipelines —depurar un servicio que se degrada, diseñar los SLI de un producto o resolver un problema de programación en Go o Python— y una ronda final de diseño de sistemas resilientes, a la que en banca y seguros se añade una conversación sobre resiliencia operativa y DORA. La diferencia con un proceso de DevOps es notable y conviene tenerla presente al preparar: allí le preguntarán cómo acelera la entrega de un cambio, aquí le preguntarán cómo se comporta el sistema cuando ese cambio ya está en producción y algo falla. Las respuestas que siguen están escritas en primera persona para que pueda adaptarlas a su propia experiencia; sustituya cada cifra por la suya, porque en este puesto la repregunta llega siempre.

Written & reviewed by the CVWon Editorial Team · Updated julio 2026

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Preguntas y respuestas

Preguntas de entrevista y respuestas modelo

Prepárese para estas preguntas frecuentes con respuestas modelo detalladas.

Por qué se hace esta pregunta

Es la pregunta de encuadre y la primera criba real. En España muchas ofertas mezclan ambos títulos y quien entrevista necesita saber si usted entiende la frontera o si viene con un currículum de entrega y una etiqueta nueva.

Respuesta modelo

Para mí la diferencia está en qué se optimiza. Un Ingeniero DevOps optimiza el flujo de entrega: que el cambio salga de la rama y llegue a producción rápido, de forma repetible y sin sorpresas. Yo optimizo el comportamiento del sistema una vez que ese cambio ya está allí. Mi materia prima son los objetivos de nivel de servicio: elijo con producto un indicador que refleje lo que siente el cliente —disponibilidad medida en el balanceador, latencia p99 de la transferencia, frescura del saldo—, acordamos un umbral y una ventana, y de ahí sale un presupuesto de error que actúa como instrumento de gobierno. Cuando queda presupuesto, producto manda y se entrega funcionalidad; cuando se agota, mando yo y se para para arreglar. En mi último puesto esa política congeló las entregas dos veces en 2025, nueve y cinco días. Lo demás es consecuencia de ese marco: reducir el toil para tener tiempo de ingeniería, modelar la capacidad para no descubrir el límite en Black Friday, hacer experimentos de caos para encontrar el fallo antes que el cliente, y sostener unas guardias con alertas que merezcan la pena. Compartimos herramientas con DevOps casi al cien por cien, pero no compartimos la pregunta que respondemos ni el momento del ciclo en el que actuamos.

No conteste con una definición de manual ni con la frase de que SRE es DevOps implementado por Google. Formule la diferencia en términos de qué se optimiza y remátela con una consecuencia concreta que usted haya vivido: una entrega detenida, una alerta eliminada, una capacidad prevista.

Por qué se hace esta pregunta

Diferencia inmediatamente a quien ha definido SLO de quien ha heredado un panel. La secuencia correcta (negocio primero, medir después, comprometer al final) es difícil de fingir.

Respuesta modelo

Empecé por lo contrario de lo que suele esperarse: no miré métricas, hablé con negocio. Pregunté qué operación pierde dinero o confianza si falla y salió la transferencia inmediata. A partir de ahí definí el recorrido crítico del usuario y elegí dos indicadores: proporción de peticiones correctas medidas en el balanceador, no en la instancia, y latencia p99 de la operación completa de extremo a extremo. Luego medí cuatro semanas sin comprometer nada, para tener línea base real: estábamos en un 99,82 % con un p99 de 1,9 segundos. Propuse un objetivo alcanzable y no aspiracional, un 99,9 % con p99 por debajo de 1,2 segundos sobre ventana móvil de 28 días, y lo negocié con el responsable de producto explicando la contrapartida: ese 0,1 % son 43 minutos de presupuesto al mes y, si se consumen, se paran las funcionalidades nuevas. Firmamos también las exclusiones: ventanas de mantenimiento pactadas y errores atribuibles al cliente. Después vino la parte técnica —reglas de registro en Prometheus, generación con Sloth y alertado multiventana por burn rate— y una revisión trimestral con los datos delante. Subimos el objetivo al 99,95 % nueve meses más tarde, cuando ya lo cumplíamos con margen.

Deje claro que midió antes de comprometer y que negoció la consecuencia junto con el número. Mencione la ventana y las exclusiones: son los dos detalles que más credibilidad dan y los que más se olvidan.

Por qué se hace esta pregunta

Es la pregunta que separa el vocabulario de la práctica. Quien nunca ha detenido una entrega describe el presupuesto de error como un panel bonito; quien lo ha hecho recuerda las fechas, los días y la conversación difícil.

Respuesta modelo

Lo primero es que no sea una sorpresa. La política estaba escrita y aprobada por el comité de tecnología antes de necesitarla, con tres tramos: por encima del 50 % restante, ritmo normal; por debajo del 20 %, se congelan las funcionalidades nuevas y solo entran correcciones y trabajo de fiabilidad; agotado, se convoca una revisión con el responsable de producto y con dirección técnica. Escribirlo en frío, cuando nadie está enfadado, es la mitad del trabajo. Cuando se agotó en marzo de 2025, activé la congelación el mismo día, expliqué en una página por qué se había consumido —dos incidencias de base de datos y un despliegue que degradó la latencia sin llegar a caerse— y presenté una lista corta de trabajo de fiabilidad con estimación. Duró nueve días. Salimos con la conmutación por error de la réplica automatizada y con un canario que compara latencia antes de completar el despliegue. Lo importante es que la congelación no es un castigo ni una demostración de poder: es la forma de convertir una discusión de opiniones sobre si hay que invertir en fiabilidad en una decisión ya pactada. Y funciona en los dos sentidos: cuando sobra presupuesto, yo soy el primero en decir que se puede desplegar más rápido y asumir más riesgo.

Subraye que la política se acuerda antes de necesitarla y por escrito. Y mencione la simetría —presupuesto de sobra significa más velocidad, no solo más frenos—, porque demuestra que usted no es el departamento del no.

Por qué se hace esta pregunta

El toil es el concepto más citado y peor demostrado de la disciplina. Con esta pregunta se comprueba si usted lo ha medido de verdad o si lo usa como sinónimo elegante de tareas aburridas.

Respuesta modelo

Lo medí porque sin número no hay conversación posible. Durante dos trimestres etiquetamos cada ticket de operación con cuatro criterios: si era manual, repetitivo, automatizable y si crecía linealmente con el negocio. Salió que el 58 % del tiempo del equipo era toil, y el dato incomodó lo suficiente como para que produjera efecto. Ordené la lista por horas al mes, no por dificultad técnica, y ataqué las tres primeras: rotación de credenciales, alta de tenants y recuperación de réplicas de PostgreSQL. Las dos primeras se resolvieron con automatización sencilla y la tercera exigió escribir un operador de Kubernetes en Go. Cerramos el año en el 21 %, por debajo del techo del 40 % que habíamos pactado con producto en el acuerdo de servicio interno. El techo es lo verdaderamente importante: si no se fija por escrito qué porcentaje máximo de nuestro tiempo puede ser operación, la operación se lo come todo, porque siempre es más urgente que la mejora. Ese 40 % es lo que garantiza que quede tiempo de ingeniería para que el año siguiente haya menos toil que este.

Dé el porcentaje de partida, el techo pactado y el de llegada, y explique con qué criterio priorizó. Añada cómo lo midió: sin método de medición, el porcentaje suena inventado.

Por qué se hace esta pregunta

Se evalúan tres cosas a la vez: si usted sabe dirigir bajo presión, si prioriza mitigar antes que diagnosticar y si extrae aprendizaje sistémico en lugar de buscar responsables.

Respuesta modelo

La peor fue una degradación progresiva del canal móvil un lunes por la mañana, con el 40 % de los inicios de sesión fallando de forma intermitente durante 52 minutos. Asumí el mando de incidencia y lo primero que hice fue repartir roles: una persona a operación, otra a comunicación con negocio y atención al cliente, y una tercera anotando la cronología. Prioricé mitigar por encima de entender: desviamos el tráfico a la región secundaria en catorce minutos y solo entonces buscamos la causa. Resultó ser un cambio de configuración del pool de conexiones que interactuaba con un reintento sin jitter en el cliente móvil, y entre los dos generaban una tormenta de reintentos que saturaba la caché de sesiones. En el post-mortem, que hicimos sin culpables, quedó claro que la persona que hizo el cambio siguió el procedimiento correcto y que el fallo estaba en el sistema: no había límite de reintentos por cliente, ni prueba de carga con el nuevo tamaño de pool, ni alerta sobre saturación de la caché. Salieron nueve acciones, todas con responsable y fecha. La que más valor tuvo fue la menos vistosa: el presupuesto de reintentos con jitter en la biblioteca cliente, que replicamos en 34 servicios. Ese modo de fallo no ha vuelto a aparecer.

Estructure la respuesta como una cronología con horas y decisiones, no como una historia de suspense. Y dedique al menos un tercio del tiempo a lo que cambió después: es la parte que realmente se está evaluando.

Por qué se hace esta pregunta

La capacidad es la mitad proactiva del oficio y la que un perfil DevOps rara vez ha trabajado. Además revela si usted habla con negocio o solo con máquinas.

Respuesta modelo

Con tres insumos. El primero es la demanda del negocio, y esa no la tengo yo: la tienen marketing y producto. Me siento con ellos y saco el calendario real —rebajas de enero, Black Friday, campaña de Navidad, picos de nómina a final de mes, la campaña de la Renta si hay integración con la Administración— y el crecimiento previsto. El segundo es la curva de saturación de cada servicio, que obtengo con pruebas de carga en k6 hasta encontrar el punto en el que la latencia se dispara; ese punto, y no el uso de CPU, es mi límite real, porque un servicio puede estar al 40 % de CPU y ya haber saturado su pool de conexiones a base de datos. El tercero es el margen que decido dejar, que en servicios críticos es N+2 por zona de disponibilidad, de forma que aguante la pérdida de una zona completa durante un pico. Con eso construyo una previsión trimestral que reviso con negocio y que se traduce en límites de autoescalado, en cuotas y en presupuesto de infraestructura. Y verifico que el modelo no miente: en Black Friday de 2025 absorbimos 5,2 veces el tráfico medio sin ninguna incidencia con impacto en cliente, que es la única forma de saber que el número era bueno.

Diga explícitamente que el uso de CPU no es una medida de capacidad y explique qué mide usted en su lugar. Es el detalle que distingue a quien ha hecho pruebas de carga de quien ha mirado un panel.

Por qué se hace esta pregunta

La relación señal-ruido de las alertas es el mejor indicador de madurez operativa y un problema real en la mayoría de las empresas españolas. También se comprueba si usted es sensible al desgaste del equipo.

Respuesta modelo

Empiezo midiendo, porque el equipo va a decirme que hay demasiadas alertas y necesito saber cuántas y cuáles. Saco del sistema de avisos cuatro números por regla durante tres meses: cuántas veces disparó, qué porcentaje acabó en una acción humana real, cuántas se resolvieron solas antes de que nadie tocara nada y cuántas llegaron fuera de horario. Con eso aparece siempre el mismo patrón: unas pocas reglas generan la mayoría del ruido y casi ninguna es accionable. Lo siguiente es un cambio de filosofía: eliminar las alertas por umbral sobre causas —CPU al 80 %, disco al 75 %— y sustituirlas por alertas sobre síntomas que afectan al cliente, que en la práctica significa alertar sobre el consumo del presupuesto de error con ventanas múltiples. Aviso urgente si se consume el 2 % en una hora, aviso urgente si se consume el 5 % en seis horas, y ticket si se consume el 10 % en tres días. Todo lo demás pasa a panel o a ticket, nunca a teléfono. Y aplico una regla sencilla: si una alerta no tiene runbook con una acción concreta, o se le escribe el runbook o se borra. En mi último equipo pasamos de 214 reglas a 38, de 6,4 avisos por turno a 1,3 y del 34 % al 91 % de alertas accionables. Los avisos nocturnos cayeron de 19 a 3 al mes. Conviene decir que esto es también un asunto de personas: mientras se limpia, hay que ampliar la rotación, porque una rotación de tres personas no se arregla con mejores alertas.

Distinga con claridad entre alertar sobre causas y alertar sobre síntomas, y mencione que lo que no tiene runbook no debe despertar a nadie. Añadir la dimensión humana —tamaño de la rotación— suma mucho y casi nadie la menciona.

Técnica

¿Qué preguntas técnicas se hacen en una entrevista de Ingeniero SRE?

Estas preguntas técnicas propias del puesto pueden surgir durante su entrevista.

Sobre un mes de 30 días, que son 43.200 minutos: un 99,9 % deja 43 minutos y 12 segundos de indisponibilidad; un 99,95 % deja 21 minutos y 36 segundos; y un 99,99 % deja 4 minutos y 19 segundos. Si se trabaja con ventana móvil de 28 días, que es lo que yo prefiero porque encaja con las semanas de guardia, la base son 40.320 minutos y el 99,9 % se queda en 40 minutos y 19 segundos. Estos números conviene tenerlos en la cabeza porque cambian la conversación con negocio: cuando alguien pide cuatro nueves, lo que está pidiendo es que en todo el mes, sumando despliegues fallidos, incidencias de proveedor y mantenimientos no planificados, no se acumulen más de cuatro minutos de degradación. Con eso encima de la mesa la petición se vuelve mucho más razonable, porque ese objetivo obliga a multirregión activo-activo, a despliegues progresivos con reversión automática y a una guardia de respuesta inmediata, y todo eso tiene un coste que hay que decidir si compensa.

El burn rate es la velocidad a la que se consume el presupuesto de error en relación con la que lo agotaría justo al final de la ventana. Un burn rate de 1 significa que, de seguir así, el presupuesto se acaba exactamente el último día; un burn rate de 14,4 significa que en una hora se consume el 2 % del presupuesto mensual. La configuración habitual usa tres pares de ventanas: aviso urgente si el burn rate supera 14,4 sostenido durante una hora, aviso urgente si supera 6 durante seis horas, y ticket si supera 1 durante tres días. Cada regla lleva además una ventana corta de confirmación —cinco minutos, treinta minutos, seis horas— para que la alerta se apague sola cuando el problema cesa, en lugar de quedarse colgada. La ventaja sobre el umbral fijo es doble. Por un lado, la sensibilidad se ajusta sola a la gravedad: una caída total dispara en minutos y una degradación lenta dispara en horas, con la misma regla. Por otro, la alerta está atada a algo que le importa al cliente y no a una métrica intermedia, así que deja de sonar cuando la CPU sube sin consecuencias y suena cuando el usuario sufre aunque la infraestructura parezca sana.

Porque la media esconde exactamente lo que hace daño. Si el 95 % de las peticiones tarda 100 milisegundos y el 5 % tarda 10 segundos, la media sale por debajo del segundo y parece un servicio sano, mientras que uno de cada veinte usuarios está teniendo una experiencia inaceptable. Las distribuciones de latencia tienen cola larga y la media no las describe. Yo mido p50 para entender la experiencia típica, p95 y p99 para el objetivo, y miro p99,9 en el análisis aunque no lo comprometa. El percentil que elijo depende del recorrido: en una consulta de saldo, que se ejecuta millones de veces al día, comprometo p99; en un proceso de alta de cliente, con mucho menos volumen, p95 es suficiente y p99 sería ruido estadístico. Un matiz que suele pasarse por alto: los percentiles no se pueden promediar entre instancias ni entre intervalos, así que hay que calcularlos a partir de histogramas, con cuidado además de la resolución de los cubos, porque un histograma mal dimensionado da un p99 elegante y falso. Y conviene mirar siempre la latencia del recorrido completo del usuario, no la del servicio aislado, porque el cliente suma todos los saltos.

Sí, y es un problema de aritmética, no de esfuerzo. Si las tres dependencias son secuenciales y sus fallos son independientes, la disponibilidad máxima teórica de mi servicio es 0,999 elevado a tres, es decir, un 99,7 %. Estoy comprometiendo un 99,95 % sobre una base que no puede superar el 99,7 %, así que el objetivo es inalcanzable por definición y encima estoy suponiendo que mi propio código no falla nunca. Hay cuatro salidas y normalmente se combinan. La primera es negociar SLO más exigentes con los equipos de las dependencias, lo que traslada el coste hacia ellos. La segunda es dejar de depender en serie: hacer asíncrona alguna llamada, cachear la respuesta con una frescura aceptable o precalcular el dato. La tercera es degradar con elegancia, de modo que la caída de una dependencia no tumbe la operación entera sino que reduzca funcionalidad; si puedo servir el recorrido principal sin el servicio de recomendaciones, ese servicio deja de contar en la cadena crítica. La cuarta, y muchas veces la más honesta, es bajar mi propio objetivo a algo defendible y explicarle a producto por qué. Este cálculo lo hago siempre antes de firmar un SLO nuevo: es la comprobación más barata que existe y evita comprometer por escrito algo imposible.

Con cinco elementos, y si falta uno no lo ejecuto. Primero, el estado estable definido con métricas concretas: qué significa que el sistema está sano, expresado en las mismas señales del SLO. Segundo, una hipótesis falsable escrita antes de tocar nada, del tipo «si se pierde una zona de disponibilidad, la tasa de error se mantiene por debajo del 0,1 % y el p99 no supera 1,5 segundos». Tercero, un radio de impacto acotado: empiezo en preproducción, luego paso a producción con un 1 % del tráfico o con un solo cliente interno, y solo amplío cuando la hipótesis se ha confirmado. Cuarto, un criterio de aborto automático conectado al presupuesto de error, con un botón de parada que cualquiera del equipo pueda pulsar. Y quinto, contexto humano: en horario laboral, con el equipo delante, avisando a atención al cliente y nunca durante una congelación por presupuesto agotado ni en vísperas de un pico estacional. Con ese armazón he ejecutado 22 experimentos usando AWS Fault Injection Service y LitmusChaos, e hicimos aflorar tres fallos en cascada por reintentos sin jitter y un tiempo de espera mal propagado, todos antes de que los descubriera un cliente. El valor real no está en romper cosas: está en que cada experimento obliga a escribir la hipótesis, y escribirla ya revela cuánto se desconoce del propio sistema.

MTTD es el tiempo medio hasta detectar, desde que el sistema empieza a fallar hasta que alguien o algo se entera. MTTA es el tiempo hasta que una persona acusa recibo del aviso. MTTM es el tiempo hasta mitigar, es decir, hasta que el cliente deja de sufrir, aunque la causa siga ahí. Y MTTR se usa con dos sentidos distintos —restaurar o reparar—, así que en una entrevista conviene precisar cuál se está midiendo, porque restaurar el servicio y reparar la causa raíz pueden separarse por semanas. Yo empezaría siempre por el MTTD, y por una razón práctica: el tiempo de detección se suma íntegro a todos los demás y suele ser el más barato de reducir, porque es puramente cuestión de instrumentación y de alertar sobre síntomas en lugar de sobre causas. En mi último equipo bajó de 14 a 4 minutos solo con reglas de burn rate. Después iría al MTTM, porque mitigar es lo único que le importa al cliente: tener runbooks con acciones de mitigación conocidas —desviar tráfico, revertir, activar el modo degradado— vale más que diagnosticar rápido. El MTTA se arregla con el proceso de guardia y con menos ruido: si el equipo recibe seis avisos por turno, deja de responder con urgencia, y ese número no se arregla con formación sino quitando alertas.

Cambiando el tipo de indicador. Para servicios síncronos uso disponibilidad y latencia, pero para procesamiento asíncrono los que sirven son otros tres. Frescura: qué antigüedad tiene el dato más reciente que ve el usuario, por ejemplo que el 99 % de las operaciones aparezca en el extracto en menos de dos minutos. Cobertura: qué proporción de los elementos que debían procesarse en la ventana se han procesado realmente, que es el indicador clave en un lote nocturno de conciliación. Y corrección: qué proporción de los resultados es correcta, medida con una verificación independiente, algo imprescindible en procesos financieros donde un dato mal calculado hace más daño que un retraso. En una cola, el indicador que de verdad importa no es la profundidad sino la edad del mensaje más antiguo, porque una cola con un millón de mensajes que se drena en treinta segundos está sana y una con doscientos mensajes atascados desde hace una hora no lo está. Y en un proceso por lotes con ventana crítica añado un indicador de plazo: qué proporción de ejecuciones termina antes de la hora comprometida, que es la traducción directa del compromiso con negocio.

El patrón es siempre el mismo: la dependencia no cae, se ralentiza; las peticiones se acumulan esperando; se agotan los hilos o las conexiones; y el servicio, que estaba sano, se convierte en el siguiente eslabón que falla. Introduzco seis cosas en este orden. Tiempos de espera explícitos y coherentes en toda la cadena, con propagación del presupuesto de tiempo, para que nadie espere más de lo que su llamante está dispuesto a esperar; una llamada sin tiempo de espera es una bomba de relojería. Presupuesto de reintentos en lugar de reintentos libres: como máximo un porcentaje pequeño del tráfico puede ser reintento, siempre con jitter y retroceso exponencial, porque los reintentos sincronizados convierten una degradación en una tormenta. Cortacircuitos que abren cuando la tasa de error de la dependencia supera un umbral y dejan de castigar a un servicio que ya está sufriendo. Limitación de carga con rechazo temprano y prioridades: si no puedo con todo, prefiero servir bien al 80 % que servir mal al 100 %, y el tráfico de negocio crítico pasa por delante del secundario. Mamparos que aíslen recursos por dependencia, de modo que agotar el pool de un servicio no bloquee los demás. Y degradación controlada: una respuesta parcial o cacheada es mucho mejor que un error. Después de introducirlo, lo verifico con un experimento de caos que inyecte latencia, porque estos mecanismos suelen estar mal configurados hasta que alguien los prueba de verdad.

Casi siempre es un problema de cardinalidad, no de volumen de peticiones. Lo primero es medir: identificar las métricas con más series activas y ver qué etiqueta las está multiplicando. El culpable habitual es una etiqueta de cardinalidad no acotada —identificador de usuario, de petición, de sesión, una URL con parámetros o un mensaje de error completo— que crea una serie temporal nueva por cada valor. La solución inmediata es eliminar o agrupar esa etiqueta en el reetiquetado de la recogida, y establecer un límite de series por objetivo para que un servicio mal instrumentado no tumbe la plataforma de observabilidad entera. Lo siguiente son reglas de registro para las consultas caras que alimentan paneles y alertas: precalcular las agregaciones evita recorrer millones de series cada vez que alguien abre un panel. Después revisaría la retención local, que debería ser corta, delegando el largo plazo en Thanos o Mimir con submuestreo, y separaría las instancias por dominio funcional en lugar de mantener una única gigante. Y sobre todo pondría una norma de gobierno: la instrumentación tiene coste y se revisa como se revisa el código, porque una etiqueta añadida sin pensar puede multiplicar por mil la factura. Que la plataforma de observabilidad sea el servicio menos fiable de la casa es una ironía cara: cuando hay incidencia grave es justo lo que no puede fallar.

Situacional

¿Para qué preguntas situacionales debe prepararse en una entrevista de Ingeniero SRE?

Situaciones y preguntas de comportamiento a las que puede enfrentarse.

No convierto esto en un pulso, porque perdería aunque tuviera razón. Empiezo por lo que sí es innegociable: la política estaba escrita y aprobada antes, así que la conversación no es sobre si me hacen caso, sino sobre cómo aplicamos algo que ya acordamos entre todos. Le presento tres datos: cuánto presupuesto queda, qué lo ha consumido y qué trabajo de fiabilidad concreto haría falta para recuperarlo, con estimación en días. A partir de ahí busco la salida que no existe en la versión simplista del asunto. Suele haberla: desplegar la funcionalidad detrás de un interruptor de activación y sin exponerla a tráfico, entregarla a ese cliente concreto en un anillo aislado con seguimiento reforzado, o entregar una versión reducida que no toque el recorrido crítico donde se está consumiendo el presupuesto. Si aun así hace falta saltarse la política, no me niego: la excepción se documenta, la aprueba quien tiene la responsabilidad de negocio —normalmente dirección técnica junto con producto— y se acompaña de un compromiso de trabajo de fiabilidad en el sprint siguiente. Lo que no acepto es la excepción silenciosa, porque a la tercera vez la política deja de existir. Mi papel no es impedir que se entregue, es hacer que el riesgo sea explícito y que lo asuma quien puede asumirlo.

Acuso recibo del aviso y abro incidencia con severidad alta antes de investigar nada, porque el reloj regulatorio empieza a contar desde la detección y en banca eso importa. Asumo el mando de incidencia y, si la cosa pinta larga, despierto a una segunda persona para separar roles: yo coordino, otra opera y alguien anota la cronología. Miro tres cosas en el primer minuto: qué ha cambiado en las últimas horas, si el patrón afecta a todas las regiones o a una, y si alguna dependencia está degradada. Mi prioridad es mitigar, no entender: si hubo un despliegue reciente, revierto; si es una zona, desvío tráfico; si es una dependencia externa, activo el modo degradado. Entender puede esperar a mañana, el cliente no. En paralelo abro comunicación con negocio y con atención al cliente cada quince minutos aunque no haya novedades, porque el silencio genera más llamadas que las malas noticias. Como es una entidad sujeta a DORA, en cuanto tengo una estimación de impacto en clientes y en operaciones evalúo con el responsable de cumplimiento si la incidencia se clasifica como grave, porque en ese caso hay que notificar al supervisor dentro de los plazos tasados del reglamento y luego enviar informe intermedio y final. Ese trámite no lo improviso a las cuatro de la mañana: está en el runbook, con los teléfonos y la plantilla. Cuando el servicio está restablecido, cierro la incidencia, duermo, y convoco el post-mortem sin culpables dentro de las 48 horas siguientes.

Trato esto como un problema de personas con síntomas técnicos, y en ese orden. Las dos primeras semanas mido y escucho: saco el histórico de avisos por regla, por franja horaria y por persona, y hablo con los tres uno a uno. Con ese dato voy a dirección con un mensaje muy claro: una rotación de tres personas no es sostenible ni legalmente cómoda, y el riesgo real es que se vaya alguien y nos quedemos con dos. Pido dos medidas inmediatas que no dependen de contratar: ampliar la rotación con personas de los equipos de producto que escriben esos servicios, aunque al principio solo cubran horario laboral, y silenciar de golpe todas las alertas que en tres meses no hayan derivado en una acción humana, que suelen ser más de la mitad. Eso da aire en dos semanas. Del día 15 al 60 hago el trabajo de fondo: reescribo el catálogo alertando sobre síntomas y presupuesto de error en lugar de sobre CPU y disco, escribo runbook para cada alerta que sobrevive y borro las que no lo tienen, y ataco por horas al mes las tres causas que más avisos generan. Del día 60 al 90 consolido: traspaso de turno formal, revisión semanal de la carga de guardia como métrica de equipo con objetivo explícito de menos de dos avisos por turno, y revisión con recursos humanos del plus de disponibilidad y del descanso compensatorio, porque si el modelo cambia hay que actualizar lo que se cobra por él. Y un compromiso que anuncio el primer día: yo entro en la rotación desde la primera semana. Sin eso, nada de lo anterior tiene credibilidad.

Doy el nombre del sistema, no el de la persona. Y lo argumento, porque no es una cuestión de compañerismo sino de eficacia. Si respondemos con un nombre, obtenemos una consecuencia inmediata y un problema que se repetirá, porque lo que hemos aprendido es que una persona se equivocó, cosa que ya sabíamos que puede pasar. Si respondemos con el sistema, la conversación es otra: por qué existía un procedimiento manual que requería escribir un comando destructivo a mano, por qué el entorno de producción tenía el mismo aspecto que el de pruebas en la terminal, por qué no había confirmación ni doble validación para una operación irreversible, por qué las copias de seguridad no se habían verificado nunca con una restauración real, y por qué la documentación que la persona siguió estaba desactualizada. En el post-mortem que me tocó vivir, la persona hizo exactamente lo que decía el runbook; el error humano fue el último eslabón de una cadena de decisiones nuestras. A dirección le llevo esa cadena, con las acciones correctoras y sus responsables. Y añado un argumento que suele funcionar mejor que cualquier apelación a la cultura: si señalamos a las personas, la próxima vez tardaremos más en enterarnos de lo que ha pasado, porque nadie querrá contarlo. Un equipo que oculta información durante una incidencia es infinitamente más caro que un equipo que se equivoca y lo dice en el primer minuto.

Le respondo con números antes que con opiniones, y empiezo distinguiendo dos cosas que se confunden siempre: el SLA es el compromiso contractual con penalización y el SLO es nuestro objetivo interno, que debe ser más exigente que el SLA para que nos dé margen de reacción. Si firmamos un 99,99 % como SLA, internamente tenemos que apuntar más alto, y eso significa que en todo el mes no podemos acumular más de cuatro minutos y diecinueve segundos de degradación, sumando despliegues fallidos, incidencias de proveedores y mantenimientos. Después hago la cuenta de las dependencias: si el servicio depende de tres componentes internos con tres nueves cada uno, el máximo teórico es un 99,7 % y el compromiso es sencillamente imposible, así que la conversación se acaba ahí hasta que rediseñemos la arquitectura. Si el cálculo sí da margen, expongo lo que cuesta cada nueve adicional: multirregión activo-activo, despliegues progresivos con reversión automática, guardia con respuesta en minutos y ampliación de la rotación, verificación periódica de la recuperación. Es una curva de coste que se dispara al final. Y termino con una propuesta concreta en lugar de con una negativa: comprometer un 99,9 % con penalizaciones asumibles y créditos de servicio, medir seis meses y subir el compromiso cuando tengamos datos que demuestren que lo cumplimos con margen. Un SLA que se incumple el segundo mes hace mucho más daño comercial que un SLA prudente que se cumple siempre.

Preparación

Consejos de preparación

1

Prepare cuatro historias completas con cifras de partida y de llegada, porque son las cuatro que van a salir: un SLO que definió desde cero, un presupuesto de error que se agotó y lo que pasó entonces, una incidencia grave que dirigió, y una reducción de toil con porcentajes. Ensáyelas en voz alta con reloj: entre dos y tres minutos cada una.

2

Lleve memorizados los números que no se improvisan: minutos de presupuesto de error del 99,9 %, del 99,95 % y del 99,99 %; los umbrales habituales de burn rate; el cálculo de disponibilidad de dependencias en serie. En una entrevista de SRE dudar en esas cuentas resta más de lo que parece, porque son la aritmética diaria del puesto.

3

Repase su propio currículum con espíritu hostil y anote la repregunta más incómoda de cada línea. Si escribió que definió SLO, prepárese para «¿sobre qué ventana y por qué ese umbral?». Si escribió que redujo el toil, prepárese para «¿cómo lo midió exactamente?». En este puesto la segunda pregunta es siempre más específica que la primera.

4

Practique el ejercicio técnico en condiciones reales, que aquí no suele ser de pipelines: depurar un servicio que se degrada con paneles delante, diseñar los SLI de un producto que le describen en cinco minutos, o resolver un problema de programación en Go o Python. Cronométrese y practique pensando en voz alta, porque se evalúa el razonamiento tanto como el resultado.

5

Averigüe antes de la entrevista si la empresa está sujeta a DORA o al Esquema Nacional de Seguridad. Si es un banco, una aseguradora, una entidad de pago o un proveedor de la Administración, prepare el vocabulario de resiliencia operativa, notificación de incidentes graves y ensayos de continuidad con RTO y RPO. Y recuerde que ahí DORA es el reglamento europeo, nunca las métricas de entrega de DevOps.

6

Prepare cómo va a marcar la diferencia con un perfil DevOps, porque el entrevistador la tiene en la cabeza aunque no la formule. Tenga lista una frase corta y suya, y dos ejemplos de trabajo que un DevOps no habría hecho: un modelo de capacidad, un experimento de caos, una entrega detenida por presupuesto de error.

7

Lleve por escrito sus propias preguntas sobre el puesto real: tamaño de la rotación de guardias y su compensación, cuántos avisos recibe una persona en un turno medio, si existe política de presupuesto de error y si alguna vez se ha aplicado, qué porcentaje del tiempo del equipo se va en operación, y quién decide cuándo se para una entrega. Las respuestas le dirán más del puesto que la descripción de la oferta.

8

Si el proceso incluye una ronda con la matriz del grupo, ensaye en inglés dos exposiciones concretas: la definición de un SLO y la cronología de una incidencia que dirigió. Son las dos que más se piden y las dos que peor salen improvisadas en otro idioma.

9

Repase su historia de guardias con datos y con límites claros: qué modelo ha hecho, qué está dispuesto a hacer y qué no. Es mucho mejor decirlo en la segunda entrevista que descubrirlo el primer mes, y quien pregunta con precisión por las guardias transmite experiencia, no reticencia.

Cómo responder: «¿Cuáles son sus expectativas salariales?»

Cuando me preguntan por mis expectativas suelo responder así: «He revisado el mercado para un perfil de SRE con siete años de experiencia en Madrid, con responsabilidad sobre catálogo de SLO y guardias, y mi horquilla está entre 62.000 € y 70.000 € brutos anuales en fijo. Antes de cerrar una cifra me gustaría entender dos cosas del paquete completo. La primera es cómo se retribuyen las guardias: si hay plus de disponibilidad por semana de retén, cómo se computan las intervenciones nocturnas y si existe descanso compensatorio, porque eso cambia sustancialmente el conjunto. La segunda es el tamaño de la rotación, que para mí es tan relevante como el importe: una rotación de ocho personas con un plus discreto me parece mejor acuerdo que una de tres con un plus alto. Con esa información puedo ajustarme dentro de la horquilla sin problema». Si insisten en que dé un número antes de darme el suyo, cierro con la parte baja más un matiz: «62.000 € es mi punto de partida razonable para el alcance descrito en la oferta; si el puesto incluye responsabilidad sobre la política de presupuesto de error de varios equipos o exposición a cumplimiento bajo DORA, hablaríamos de la parte alta». Y menciono la retribución flexible —seguro médico, formación, días de teletrabajo— al final y como complemento, nunca como sustituto del fijo.

FAQ

Preguntas frecuentes

Lo habitual son cuatro o cinco fases a lo largo de tres a cinco semanas: filtro de recursos humanos, entrevista de fiabilidad con quien lidera el equipo, ejercicio técnico, ronda de diseño de sistemas resilientes y cierre con condiciones. La diferencia con un proceso de DevOps está sobre todo en las dos rondas centrales. En DevOps el ejercicio suele ser arreglar una pipeline o escribir un módulo de Terraform; en SRE es mucho más frecuente que le pongan delante unos paneles de un servicio que se degrada y le pidan diagnosticar en voz alta, que le pidan definir los SLI y SLO de un producto que le describen en cinco minutos, o que haya un ejercicio de programación en Go o Python. La ronda de diseño también cambia de foco: en lugar de preguntarle cómo desplegaría el sistema, le preguntarán cómo se comporta cuando falla una zona, cómo evita el fallo en cascada y qué compromete en el SLA. En banca y seguros hay además una conversación específica sobre continuidad, incidentes graves y DORA.

En la mayoría de los procesos serios de España, sí, y es una de las diferencias prácticas con DevOps. El nivel esperado no es el de un desarrollador de producto, pero tampoco el de alguien que solo escribe scripts: se espera que usted pueda escribir y mantener una herramienta interna, un exportador de métricas o un operador de Kubernetes, y que entienda concurrencia, tratamiento de errores y consumo de APIs. Go y Python son los dos lenguajes dominantes en las ofertas. El ejercicio típico dura una hora e incluye tratamiento de datos, llamadas a una API con reintentos bien hechos o manipulación de estructuras. Practique pensando en voz alta y no calle mientras piensa: en estos ejercicios se puntúa cómo aborda el problema y qué casos límite considera, casi tanto como si el código compila.

La verdad, y a continuación lo que sí ha hecho. Algo como: «En mi empresa el presupuesto de error se medía y se revisaba en la reunión mensual, pero no llegó a existir una política escrita con congelación; cuando el consumo se disparó en marzo, lo llevé al comité y conseguimos que se priorizaran dos semanas de trabajo de fiabilidad, aunque fue una negociación caso a caso y no una regla automática. Es precisamente la carencia que me gustaría resolver en mi próximo puesto y ya sé cómo lo plantearía». Esa respuesta es muy superior a inventarse una congelación, porque demuestra criterio, honestidad y que entiende dónde está el límite de su experiencia. Los entrevistadores de SRE saben perfectamente que muchas empresas españolas todavía no han llegado ahí; lo que no perdonan es que alguien describa una práctica madura y se derrumbe en la tercera repregunta.

Las que revelan cómo es de verdad el puesto. Cuántas personas hay en la rotación de guardias y cuántos avisos recibe una persona en un turno medio; si existe política de presupuesto de error por escrito y si alguna vez se ha aplicado una congelación; qué porcentaje del tiempo del equipo se va en operación reactiva; quién puede decidir que se para una entrega; si los equipos de producto tienen guardia sobre sus propios servicios o si todo recae en el equipo de SRE; y cuándo fue la última incidencia grave y qué salió del post-mortem. Esa última pregunta es especialmente reveladora: si le responden con detalle y sin incomodidad, la cultura sin culpables existe; si le responden con evasivas o con el nombre de un proveedor al que culpar, ya sabe a qué atenerse.

Sí, y es buena señal que lo hagan pronto en lugar de dejarlo para el final. La disponibilidad fuera de jornada es parte del puesto en casi cualquier oferta de SRE en España, y ambas partes ganan aclarándolo antes de invertir cuatro semanas en un proceso. Responda con datos de su experiencia y con límites claros, no con una disponibilidad absoluta que después le pesará. Pregunte a su vez por el tamaño de la rotación, la ventana de intervención comprometida, cómo se retribuye el retén y si hay descanso compensatorio tras una noche de trabajo. Recuerde que estas condiciones no están unificadas: el convenio estatal de consultoría y tecnologías de la información marca el marco general, pero el importe y el cómputo se pactan en cada empresa, y hay obligaciones que sí son de ley, como el registro de jornada y el descanso mínimo entre jornadas.

No hace falta un portafolio al uso, pero sí conviene llevar dos cosas en la cabeza y una en el bolsillo. En la cabeza, sus cifras: número de servicios y de SLO, disponibilidad antes y después, avisos por turno, porcentaje de toil, número de incidencias dirigidas. En el bolsillo, una hoja con esos mismos datos por si el nervio le juega una mala pasada; consultarla brevemente no resta credibilidad, al contrario. Si tiene material público —una charla en un meetup, un artículo sobre una incidencia, una herramienta de observabilidad publicada— menciónelo, porque en la comunidad española de fiabilidad ese tipo de aportación se valora y se recuerda. Lo que no funciona es llevar un post-mortem real de su empresa: son documentos internos y sacarlos dice de usted justo lo contrario de lo que quiere transmitir.

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